Por qué México inventa lo que el mundo cobra (y si de verdad no queremos cobrarlo)
por Diego Rodríguez Renovales · Diego Rodríguez Renovales
El país que inventó el tomate no cobra por el tomate.
México produce riqueza biológica, técnica y cultural en cantidades enormes. Casi nunca la cobra. Este libro explica por qué — y deja de tratarlo como mala suerte para tratarlo como lo que es: un problema de diseño institucional.
La píldora anticonceptiva se sintetizó en México. La televisión a color se patentó desde México. El tomate se domesticó en Mesoamérica y fue Italia quien construyó la industria de conservas que lo volvió global. La nochebuena se convirtió en propiedad vegetal registrada de una familia estadounidense. El archivo de Luis Barragán terminó bajo custodia suiza.
El libro organiza esa lista larga y dolorosa en cuatro puertas por las que se fuga el valor: la patente, la marca, la propiedad y la decisión. No son cuatro anécdotas: son cuatro mecanismos, y cada uno se puede describir, medir y — en principio — cerrar.
La tesis incómoda no es que nos hayan robado. Es que capturar valor exige infraestructura, coordinación y una decisión sostenida en el tiempo, y que en cada uno de estos casos alguien más la tuvo y nosotros no. La Ley Federal de Protección del Patrimonio Cultural de 2022 prevé multas de hasta 50,000 UMA por apropiación indebida de diseños y saberes indígenas. Hasta hoy no existe una sola sanción firme.
El subtítulo lleva una pregunta en paréntesis que el libro se toma en serio: ¿y si de verdad no queremos cobrarlo? Hay respuestas legítimas a esa pregunta. Lo que no hay es excusa para no haberla formulado.
Diego Rodríguez Renovales es arquitecto y arquitecto de sistemas. Fundador de BIM XL, ex Office Managing Director de Gensler Monterrey y ex Director Nacional de Arquitectura del Tecnológico de Monterrey. Escribe desde Saltillo, Coahuila.
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